Me gusta cuando caen las primeras gotas de lluvia y el suelo, aún en parte seco, comienza a llenarse de pequeñas y rápidas motitas húmedas.
También me gusta cuando para distinguir si llueve o no, miro donde alumbran las farolas y aparecen rayitos de agua iluminados que hasta entonces eran poco visibles.
Se puede disfrutar de las pequeñas cosas o pueden ser totalmente obviadas.
Hay momentos que la lluvia fastidia y otros que es todo un placer escuchar como las gotas repiquetean en las ventanas, con un libro, buena compañía...
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