La luz tenue y azulada que proporciona el poco sol que resta, tiñe las paredes, los tejados, y el cielo. Destacan sobre ella los tonos amarillos de las ventanas; algunas con cortina, otras con un cristal traslúcido y otras, simplemente abiertas.
El aroma de la cena de alguna casa, se cuela entre las calles llenándolas de una entrañable sensación de hogar.
Inevitablemente me pregunto quién cocinará y para quién lo hará. Quiénes se sentarán en la mesa y si lo harán felices. Si sonreirán con paz y se sentirán
tranquilos y confortables. Luego tal vez miren la televisión y más tarde se acuesten, en ese momento amargo en el que todo se apaga y la soledad se acentúa.
Recuerdo en mi terraza también, los momentos que de niña pasé en ella. Observando el cielo con el telescopio. Sintiendo un poco de aire fresco por las noches, en el ahogo del verano.Me retrotrae a aquel momento, en el que el mundo me parecía lleno, inabarcable, mágico.

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