Al final, regresamos a las raíces. A aquel núcleo que nos hace sentir bien. A nuestra identidad. Nuestra casa, nuestro pueblo, nuestra ciudad. A nuestra gente y a nuestras cosas.
Probablemente si mis raíces pudieran medirse como las de este árbol, serían así que vastas. Porque nada me hace sentir más segura que mi origen.
Otras personas, sin embargo, prefieren no echar raíces. Volar. Viajar y vivir a temporadas en otros lugares. No les pesa como a mí, el esfuerzo de volver a empezar. El esfuerzo de, de algún modo, deshacer nuestra maleta interior para volverla a llenar.
Toda salida del lugar de partida es, aún así, enriquecedora. Y todo cambio da luz a un lado antes sombreado, pero, aún así, en el fondo todos queremos finalmente enraizar.

Creo que el termino "enraizar" se nos pasa por la cabeza en un momento u otro de la vida, puede que por algún cambio, por un comentario o porque si. A mi me gusta volar pero reconozco que me encantaría echar raíces, ya.
ResponderEliminarUn beso!